Llegó de laburar muerto de cansancio, más tarde que lo habitual. El día afuera estaba terrible, el calor dificultaba la respiración y la humedad le hacía transpirar el cuello y las manos.
El colectivo era para Pablo cosa de todos los días y sin embargo en cada viaje, no sabía qué esperar que le pasara.
Entró a casa con la espalda transpirada, los hombros caidos y, cuando vió a Fernanda, apenas pudo sonreir.
-¿Cómo te fue?-.
"Mal, fue un verdadero día de mierda", pensó. -Bien-dijo.
Se sentó a la mesa casi dejándose caer sobre la silla.
-¿Que hay de comer?- preguntó soltando mucho aire mientras se desprendía los botones de la camisa.
-Hice fideos- Respondió Fernanda y le alcanzó el plato y un vaso de agua fresca.
Fernada se sentó frente a él y simplemente lo observó mientras comía.
-No comas tan rápido-.
Pablo levantó la mirada, simuló una sonrisa y siguió comiendo tal como lo venía haciendo.
- Te va a hacer mal-
-Dejame comer como me salga, estoy muerto de hambre, no comí en todo el día!-. Pablo dió un suspiro largo y cansado. Empezó a comer más lentamente. Fernanda le respondió con una pequeña sonrisa.
-¿Que vamos a hacer hoy?-
-No se, tenía ganas de descansar un ratito, estoy muy cansado-
-Ah, no seas así, tengo ganas de salir-
Pablo la miró, a veces pensaba que hablaba en otro idioma o que Fernanda ni siquiera lo escuchaba.
- Dame 20 minutos y después vamos-.
La cara de Fernanda cambió:
- Encima que llegás tarde... yo me aburro acá, pasa que vos sos un sedentario de mierda, yo me voy sola- Dijo levantando las cejas
Él ya sabía que terminaba en discusión y que atrás había quedado la ilusión de dormir una siestita en paz. Levantó la cabeza, miró al techo por unos segundos y después la bajó soplando fuerte por la nariz:
- Bue... vamos, ¿Donde querés ir?-.
-No, así no-, si tenés que hacer un sacrificio para estar conmigo prefiero irme sola.
-No es un sacrificio, estoy muerto, ¿no entendes?-
-Lo que no entiendo es que seas tan egoista, siempre pensás únicamente en vos- Lo miró fijo, se levantó de la mesa, dió media vuelta y se fué hasta el dormitorio caminando exageradamente, moviendo los hombros de manera que se evidenciaba artificial.
El portazo dió final al acto del almuerzo. Silencio. Pablo se levantó muy lento, como sin ganas: "La puta madre", penso. Recogió su plato y su vaso y los dejó en la pileta de lavar, abrió la canilla y dejó correr apenas un poco de agua sobre la vajilla sucia y se fue hacia el cuarto también.
-¿Que te pasa, por qué te ponés así?-
-Estoy cansada, no puedo creer que no te den ganas de pasar tiempo conmigo-
-No es eso Fer, es que hoy estoy muerto, de verdad, ¿Vos viste el calor que hace afuera?-
-No! estuve acá esperandote hace como dos horas-
Pablo corrió la sábana para acostarse al lado de Fernanda, pero ella la sujetó fuerte. -No, no quiero que te acuestes acá-
-¿Por?-
-Me tenés harta, pero no te preocupes que alguno de estos días venís del laburo y no me ves más la cara-
Pablo hizo gesto como negando con la cabeza y se fue sin pronunciar palabra al sillón del comedor -que también era living y cocina-. Hacía un calor infernal, se recostó en el sillón, bastante incómodo por cierto, y se quedó mirando el techo sin poder cerrar los ojos.
-Yo tendría que hacer la mía, que se vaya mejor, así podría volver a ser el pibe que era, conseguirme una chabona que no me rompa los huevos, visitarla un par de semanas y antes de implicarme, dejarla y buscar otra. O por qué no, empezar a viajar, largarme solo a la ruta, guita tengo, podría conocer el mundo, total a mi no es al que le jode comer cualquier cosa o dormir en cualquier lado. Recuperaría la libertad, podría irme unos meses a Uruguay, las uruguayas estan buenas, ¡Eso tendría que hacer! Tranqui... mojar los pies en el mar, caminar por la playa, no me importa nada.
Puso las manos debajo de la cabeza, se acomodó lo mejor que pudo en el sillón, ya sin intención de dormir. En la cara se le había dibujado una pequeña sonrisa y seguía mirando el mismo punto en el techo.
- O meterme en la selva, perderme de todo el mundo, no los necesito, ahí si tendría tiempo para pensar, volvería aser el dueño de mi vida. Basta de horarios, basta de jefes en el trabajo y en la casa, ¡Eso es lo que tendría que hacer!
Ahora parecía que Pablo estaba completamente decidido, casi se podría decir que estaba feliz, se reincorporó y fué a buscar un vaso de agua. Se hechó de nuevo y pensaba, aunque ahora más vagamente... "Mi libertad" se decía, cuánto de mí he dejado para darselo a los otros, me lo merezco... Dejo Córdoba, cualquier otro lugar está bien...
Divagaba, se había perdido del tiempo y del espacio cuando lo interrumpió el ruidito del picaporte de la habitación, la puerta se abrió y ahí estaba Fernanda, con los ojos entremojados.
-Perdoname, ya se que estás cansado, ¿No querés venir a acostarte un ratito conmigo? Necesito un abrazo-.
Pablo se levantó y fue hasta la habitación
-Esta todo bien Fer, no te pongas mal-
La abrazó y se acostaron.
-Esta noche te invito a comer unas empanaditas afuera- Dijo Pablo
Ella sonrió y dos minutos después estaban dormidos
3 comentarios:
¿Soy el único que comento en el blog?
Me gustó. Tiene unos errores de escritura, pero va bien. Creo haber hablado con vos algo de todo esto, ferné y Gardelitos de por medio. Ya nadie escucha tu canción.
Abrazo:
gringor
Ya aprendí Martin!!! Viste?? Ja ja Acá va mi comentario...para que el gringo deje de fanfarronear...bueno, compañero, qué le puedo decir (algo te adelanté esta tarde)... me gustó mucho el modo de narrar esa situación tan cotidiana...la simpleza del lenguaje me llevó a estar ahí, en ese cuarto, con esos personajes tan reconocibles y cercanos...Vamo arriba con esa literatura che!
Un abrazo.
Gringo. Bueno, ya no sos el único que comenta en mi blog, pero no dejes de hacerlo che.
Sole: Gracias por comentar, sabía que le ibas a ganar a la computadora. Que te puedo decir, de algún modo este pibe y esta piba reviven cosas que pasan todos los dias en algún departamento de alguna ciudad de Argentina.
Espero que sigas entrando y comentando. Suerte
Publicar un comentario en la entrada