martes 18 de diciembre de 2007

A los historiadores del futuro

Fran, le decían, era un tipo que vivía desesperado, corria a todos lados, lo vimos varias veces en la plaza San Martín con un cuadernito forrado en tela y una lapicera que sólo tenía el cartuchito de tinta de adentro. Escribía... lo hacía todo el día y miraba a la gente, sonreía y volvía a bajar la cabeza y escribía una nota rápida, como si no se quisiera perder ningún detalle.
A veces se lo veía mordiendo la pseudo lapicera y mirando al cielo con cara de interrogación, con los ojos semicerrados como quien piensa algo profundamente. Dejaba el cuaderno un rato sobre uno de los bancos que están de frente a la Catedral y se sentaba en las escaleras a mirarlo. Por supuesto nadie se lo llevaba, hasta parecía que esa era la intención, que alguien lo recogiera y lo leyera.
Siempre se acercaba a la gente y recitaba algunos poemas; la gente se horrorizaba ya que tenía la ropa sucia y le faltaban ambos dientes frontales. Tenía el pelo largo y ondulado salvo cuando se lo mojaba en la fuente. No pedía monedas pero algunos se la tiraban pensando que así se lo sacarían de encima, pero el retrucaba con un poema en el que le remarcaba que no necesitaba dinero.
Muchas veces lo vimos, era como un ícono, a mi me encantaba escucharlo, siempre tenía historias nuevas, poemas y cuentos para niños.
Siempre estaba, hasta que por alguna razón, empezaron a considerar a los artistas de la calle como "terroristas urbanos" y un buen día, un policía que siempre lo saludaba, lo agarró del brazo y lo samarreó: -Que te pasa loco!?- preguntaba Fran sin entender nada mientras el policía se lo llevaba. Empezaron a forcejear, Fran no quería irse y entendía que no tenía por qué hacerlo. Hasta que el policía sacó la macana del estuche y lo dejó seco en el suelo.
Fran quedó desparramado boca abajo, su cuaderno se abrió y volaron por la plaza cientas de hojitas. El oficial ni siquiera se volvió a mirar, solo cumplió la orden de "limpiarlo de la plaza". El viento se encargó de esparcir las hojas del cuaderno por toda la plaza y una de ellas chocó con mi pie.
Esa hojita decía justo esto:
A quien corresponda:
Viendo y considerando que la historia se escribe todos los días y que nadie hace ni hará nada, me veo en la obligación, señores arqueólogos del futuro, de contarles cómo se vive en el traspaso del sigo XX al XXI. No me es posible resumir absolutamente todo lo que pasa, pero al menos de esta forma podrán tener otra pista para contar la historia.

Les cuento cómo es el panorama más o menos: Tenemos miedo, todos lo tenemos. Nosotros las potencias mundiales tenemos miedo a la revolución de los oprimidos, tenemos miedo de no poder soportar esta mentira durante mucho tiempo más.

Nosotros los países subdesarrollados tenemos miedo de que no se acabe pronto la miseria y nos termine acabando a todos, que nuestra gente – y sin excusas ideológicas – se rebele por la propia desesperación, por la recurrente pregunta de por qué.

Nosotros los pobres tenemos miedo de la opresión, de la policía, del hambre y del frío, tenemos miedo de seguir cayendo en este pozo sin fondo.

Nosotros los ricos tememos al mundo exterior, a las peligrosas calles que no conocemos y que ni siquiera sabemos si son peligrosas. Tenemos miedo de tener que encerrarnos cada vez más, de no conocer ni la ciudad donde nacemos. Tenemos miedo de no poder sostener la mentira durante mucho tiempo.

Nosotros, la clase media, tenemos miedo de estar desapareciendo, de no saber si debemos encerrarnos cada vez más o vender nuestras cosas para que nos alcance para vivir.

Los niños ricos están desde pequeños tras las rejas y los niños pobres pronto lo estarán. No llegaremos a conocernos unos a los otros porque ambos nos tenemos miedo. No sabemos por qué ni al servicio de quién trabajaremos. No hemos logrado comunicarnos ayer, hoy ni mañana.

4 comentarios:

Gringo dijo...

Fooooooooo!!! Muy bueno, che. Incluso, si me permitís opinar, da para más larga la cuestión. Podrías laburar el texto y hacer algo un poco más denso, con más palabras, me parece. También da para seguir con la historia de Fran.
Che, en serio, me gustó. Muy original.
Abrazo:
ognirg (capice?)

Dibujos en el Piso dijo...

Gringo! Bueno, gracias por el comentario. Me gustaría trabajarlo más, pero necesito que me tires alguna línea, capaz que sea mejor personalmente. Nos vemos, un abrazo

Guillermo Dione dijo...

Claaro!! Ahora si me doy cuenta que sos vos, Martín Fogliacco, el que escribe. De veras, al principio no entendía nada de nada, pense que era un blog donde escribía mucha gente,,, Historias de Varios lugares, yo con la cabeza metida en que seguías en Brasil e ibas a seguir poniendo cosas del viaje (que viaje, eh?. Luego, uniendo piezas, dije : Oh, caramba, todo es de él! La letra, y que letra eh?
Es lindo expresarse, tan bonito que e'...
Bueno, y sobre el escrito de hoy, bueno tenemos miedo,,, pero sabés también que nos separa? algo así como el odio, o mejor, tirar las culpas a los demás, no asumir las propias de cada uno y así poder acercarnos un poco entre todos.
Como argentino tenemos defectos, importantes creo, y no reocnocerlos es seguir igual como estamos.

Dibujos en el Piso dijo...

Eh! Guille! que bueno recibir un comentario tuyo! Bueno si! estoy en Córdoba hace un tiempito y, de momento voy a andar por acá al menos algunos meses más. Creo que el tema del odio es muy cierto también, lo que me preguntaba en realidad es Qué lo provoca? Me da la sensación de que a veces ese odio está basado simplemente en prejuicios, una especie de discriminación "de clase".
Bueno Guille, gracias por el comentario y espero que te guste el blog.