martes 5 de febrero de 2008

Una obrita

Güemes. Córdoba.

Caminábamos con la flaca por el paseo de las artes como lo hacíamos los domingos; recorríamos los puestos, conversábamos con amigos y fundamentalmente tomábamos aire.

Volvíamos de comprar un poco de pan para acompañar el queso y unas aceitunas riojanas que habíamos conseguido el día anterior en el mercado norte, veníamos por Belgrano y la flaca me paró y dijo: - Ese viejito es muy tierno, sentado en la ventana vendiendo sus artesanías -. El viejo había hecho vasos de vidrio reciclando pequeñas botellas de gaseosa. Yo no lo había visto pero cuando la flaca me advirtió de su existencia nos volvimos a husmear.

Ahí estaba el don: sentadito pacientemente sobre la ventana, manos en las rodillas, los pies en la vereda y la mirada distraída a la espera de algún transeúnte que se detuviera a mirar. Vestía un hermoso pantalón oscuro prolijamente arreglado, una camisa lisa color beige y en su cara se resaltaban unos enormes lentes que le empequeñecían, allá al fondo, los ojos. Tan fuerte era la presencia de los anteojos que ni siquiera recuerdo si tenía bigote o no.

Lo miré asombrado y tuve una mezcla de sentimientos entre ternura y admiración. Había puesto gran empeño en diseñar y hacer esos vasitos, y lo demostraba en la manera en que le explicaba los atributos a la flaca: - Acá el bordecito está perfectamente trabajado, no corta, se puede lavar con agua caliente...-. Estaba realmente convencido y algo nervioso; explicaba y casi le vibraba la voz.

Yo lo miraba y, en realidad, más que ganas de comprarle un vaso, quería darle un abrazo fuerte y decirle: - ¡Venga conmigo amigo! Acompañemé a casa, comamos un buen pedazo de pan, déjeme compartir con usted un poco de vino y cuentemé -. Me moría por saber todas las historias que habría guardadas dentro suyo. ¿Qué lo había llevado en su ya larga vida a crear esos vasitos y no a sentarse a esperar? – ¡Cuentemé por favor! – Quería decirle – Déjeme participar de esas historias, yo quisiera ser parte de una de ellas -.

¿Cómo pasaría sus días de lunes a viernes? ¿Qué era lo que le daba esa voluntad? Yo lo miraba y no podía creer lo que mis ojos veían; era la mismísima voluntad de vivir, en persona y frente a mí.

Sus manos habrían tomado temblorosas la botellita y el pincel y lento, muy lento, habría convertido ambas cosas en una pequeña obrita de arte. Una que nunca aparecería en ningún museo ni sería exhibida en un salón de bellas artes. Una obrita tan sencilla como el mensaje que transmitía la figura de su creador. Era eso y, sin embargo, una obra tan significante: eran vasos que algún día se llenarían de vino y de alegrías y tristezas, expresarían soledad y pequeños encuentros que darían lugar a la vida, al recuerdo y al olvido.

Volvimos muchos domingos hasta la ventana del viejito; durante un tiempo continuamos viéndolo pero nunca me atreví a convidarlo con un vino, después... nunca más. Había perdido la oportunidad de conocer lo que me pudiera contar, pero afortunadamente conservamos sus vasitos, que aun llenamos de vino y de historias.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Martin:
El "escenario" del que hablabamos el otro dia cuando nos encontramos...nosotros somos los extras de sus peliculas.
Que sutil verso eso que llaman lo insignificante, actitud hermana del miedo.
El texto fluye.Parece escrito de un solo tirón. Me gusto.
Julian

Dibujos en el Piso dijo...

Julián! Que bueno ver que lo venís siguiendo al blog! La verdad me alegra mucho! Me gustó eso de "Actitud hermana del miedo". A ver cuando pasas por casa así conversamos con unos mates!
Te mando un abrazo

.:.Soledad.:. dijo...

A veces pasa...no? Qué uno mira derechito a los ojos de algunas personas y es como un espejito que te devuelve una imagen...y te choca, te provoca, o simplemente te hace sentir humano...Yo una vez me crucé a un viejo que estaba cerrando su pequeña tienda de libros ahí en la Irygoyen..y fue re triste..estaba todo en liquidación...y me ofreció un libro: "llevate este que es buenísimo" me dijo con aire intelectual...y cuando miré la solapa estaba la mismísima foto del viejo librero...lo había escrito él...fue bastante bizarro el sentimiento q me invadió...y también me hice esas preguntas...y no se las hice. Y la librería cerró. Ahora hay un negocio de ropa de marca...
Muy lindo es sentir sus palabras cerca del corazón Martín... vuelan solas parece

Dibujos en el Piso dijo...

Sole! Que buen comentario! Es así, y uno se llena de tristeza o impotencia o capaz que todavía no inventamos una palabra para definir este sentimiento. Lo cierto es que uno no sabe muy bien que hacer. Al tipo de la Irygoyen! Me imagino... uno se queda parado en frente mirando estúpidamente algo que no puede detener y con ganas de decir: Pará! dejame darte una mano... o alguna otra cosa que al final solo se queda guardada dentro y se convierte en una más de las tantas que vemos y nos hacen sentir una hormiga tratando de mover una montaña.
Te mando un abrazo grande

Gringo dijo...

Me gustó. Simple, nada del otro mundo, pero creo que refleja eso que muchas veces sentimos respecto de las otras personas (sean viejas, o no) Viste que a veces dan ganas de hablar con desconocidos; en el bondi, en la calle, en la plaza, en los taxis. Casi nunca pasa...

abrazo:

Dibujos en el Piso dijo...

Gringo: Bueno, me alegro que te gustara, en realidad es simplemente algo que me provocó el señor este y quería compartirlo por si se lo encuentran por ahí.
Bueno, pido disculpas porque esta semana no pude subir nada. Prometo proximamente publicar algo.

Abrazos

Maxi Peñéñory dijo...

Coincido con Gringo, este viejito me hizo acordar a esos personajes que tientan a sentarte a charlar por horas y como decís vos, convidarle un vino. ¿Pudor, vergüenza, miedo? ¿Qué mierda es lo que nos contiene de esos instintos?

Una alegría haberte reencontrado y haber descubierto este rincón de la blogósfera.
Prometo pasar seguido, por acá y por tu casa, como te dije anoche.

Un abrazo.

Dibujos en el Piso dijo...

Ey Maxi! Que bueno que entraste! A mi también me alegra realmente mucho haberte reencontrado y espero que pases seguido por casa (más que por el blog), hace falta encontrarse con la gente que uno quiere. Bueno Maxi, espero que te guste el blog y ya nos juntaremos a conversar con unos mates de por medio
Te mando un abrazo