martes 15 de abril de 2008

Boleto Subversivo

Otra vez salí a caminar temprano; como dije antes, el verano había terminado para mí el 29 de enero, por lo que el frío me acompañaba desde entonces. Sin embargo hacía solo un par de días que había empezado a sentirlo físicamente.
Así que estaba acurrucado, me puse dos abrigos después de 7 años que no lo hacía, caminaba como aquellas noches heladas del invierno que me llevaban inevitablemente a Pamplona a buscar calor en los amigos y las botellas.

No es que haya pasado nada fenomenal ese día, solo que en el colectivo, un par de paradas después de la mía, el cospelero dejó de funcionar. Como pocas veces pasa, ese martes iba sentado, de modo que cuando se presentó el problema podía ver perfectamente qué era lo que pasaba: Un boleto subversivo se había atascado y trababa toda la máquina. Para mi, que lo veía bien, era algo muy fácil de solucionar, sin embargo para el chofer, que revisaba la máquina mientras conducía, esquivaba los autos y demás, se trataba de un problema complejo.

Yo lo miraba, el tipo se enervaba cada vez más. Cada pasajero que subía le molestaba porque no podía cobrarle: “¡No anda!” les decía con la peor cara que le salía, y mientras tanto reseteaba la maquinita una y otra vez.
Yo veía que el boletito seguía ahí cruzado; dudaba ante la pseudo desesperación del chofer. Lo podría haber ayudado, era solo levantarme, hacer dos pasos y tirar. “Listo”, hubiera dicho yo y el chofer me hubiera dado una sonrisa y nada más, no me hubiera devuelto el cospel, ni me hubiera dejado en un lugar que no sea la parada … ni hubiera frenado del todo para que pueda bajar … ¡ni hubiera tratado bien a los pasajeros! … ¡ni hubiera frenado en las curvas para que no se caigan los que viajan parados! … ¡¡¡¡NI HUBIERA TENIDO EN CUENTA QUE YO TAMBIEN TRABAJO LOS DÍAS QUE EL HACE PARO PARA QUE LE AUMENTEN SU YA ABULTADO SALARIO… NI HUBIERA HECHO NADA POR NADIE!!!!!


Por eso no lo ayude: por poquita que fuera, debe haber sido una alegría, una sonrisa al menos, para esos pasajeros que se ahorraron el cospel.
Esos pasajeros que todos los días se encuentran a la merced de no saber cuándo le suben el pasaje, se encuentran con la sorpresa de paro de transporte sin previo aviso, tienen que viajar como vacas, hacinados…

Ese día al menos pudieron cobrarse un pedacito, muy chiquito, un aire, un “mirá que bueno”, que yo habría arruinado si le decía al chofer lo simple que era el problema que le estaba complicando la mañana.